El público sonrió cuando un niño pequeño subió lentamente al escenario.
Su ropa era vieja y estaba rota.
Parecía nervioso.
Algunas personas susurraban,
“Es demasiado joven.”
Otros se preguntaban si siquiera estaba preparado para actuar.
Un juez sonrió amablemente y preguntó:
“Joven… ¿qué nos vas a mostrar hoy?”
El niño no respondió.
En lugar de eso, llevó un viejo cofre de madera al centro del escenario.
El público parecía confundido.
Los jueces intercambiaron miradas curiosas.
Despacio…
El niño abrió el cofre.
Todos se inclinaron hacia adelante.
Pero estaba completamente vacío.
Cerró la tapa.
Le di tres golpecitos.
Luego retrocedió.
Durante unos segundos…
No pasó nada.
El público guardó silencio.
De repente…
El cofre comenzó a brillar con una intensa luz dorada.
La tapa se abrió lentamente por sí sola.
Una niña pequeña salió del cofre vacío, sonriendo y saludando al público.
Todo el teatro contuvo la respiración.
Los jueces miraron con incredulidad.
Pero la actuación no había hecho más que empezar.
El niño chasqueó los dedos.
El cofre del tesoro desapareció en una nube de humo brillante.
Cuando el humo se disipó…
La niña también había desaparecido.
Solo el niño permaneció de pie en el centro del escenario.
Lentamente levantó ambas manos.
Cientos de mariposas resplandecientes llenaron el teatro.
Las luces se atenuaron.
Las mariposas revolotearon sobre el público antes de desaparecer como pequeñas estrellas.
Por un momento…
Nadie dijo una palabra.
Entonces, todo el teatro estalló en aplausos.
Todos los jueces se pusieron de pie.
Un juez sonrió y dijo:
“Todavía no puedo entender cómo hiciste todo eso.”
Otro juez negó con la cabeza y se rió.
“Eso no fue solo magia… fue inolvidable.”
El público le brindó al joven mago la ovación de pie más sonora de la noche.
Porque a veces…
El artista más pequeño obra el mayor milagro.