El público se quedó en silencio mientras un anciano caminaba lentamente hacia el escenario.
Su ropa estaba rota.
Su cuerpo parecía débil.
Su larga barba blanca lo hizo parecer un viajero olvidado de otro mundo.
Algunas personas susurraron.
Otros se reían silenciosamente.
Un juez se inclinó hacia el micrófono y preguntó:
“Señor… ¿qué talento está aquí para mostrarnos?”
El viejo sonrió.
Pero no dijo ni una palabra.
En cambio, se sentó en el escenario y colocó una vieja olla de arcilla frente a él.
El teatro se quedó completamente en silencio.
Él lentamente levantó una mano hacia el cielo.
De repente…
Un círculo brillante de luz apareció por encima de su palma.
El público se quedó sin aliento.
Los jueces se inclinaron hacia adelante.
Entonces ocurrió lo imposible.
Sin tocar la olla…
Una corriente de agua azul brillante comenzó a fluir hacia arriba en lugar de hacia abajo.
Se envolvió alrededor de su cuerpo como luz viva.
El escenario lleno de niebla brillante.
El público no podía creer lo que veían.
El anciano se levantó lentamente.
Su ropa rota desapareció bajo túnicas brillantes.
Su débil cuerpo parecía lleno de fuerza.
Extendió ambas manos…
Y cientos de pequeñas estrellas flotaron en el teatro.
Las luces se atenuaron.
Las estrellas rodeaban los jueces antes de desaparecer en el aire.
Por unos segundos…
Nadie se movió.
Nadie habló.
Entonces el viejo sonrió por última vez.
Cerró los ojos.
Las luces brillaban.
Y cuando volvieron…
Había desaparecido.
Solo la vieja olla de arcilla permaneció en el centro del escenario.
Toda la audiencia se puso de pie.
Un juez susurró:
“He juzgado miles de actuaciones… pero nunca he visto nada como esto”.
El teatro estalló en la ovación de pie más fuerte de la noche.
Porque a veces…
La mayor magia no se trata de trucos.
Se trata de hacer creer a la gente que lo imposible podría ser real.